Hace algunos meses se estrenó una de las películas más redituables del 2026, cuya película me perdí en cines por un juicio equivocado, pues la relacioné con un capítulo de Los padrinos mágicos (The Fairly OddParents), llamado “Solos tú y yo (Just the two of us)”, donde curiosamente visualizamos casi la misma trama de la película, además de que el cine de terror ya no me generaba ningún atractivo.
Bien, pues como muchos ya sabemos, existe una industria
cinematográfica saturada de franquicias sobreexplotadas, universos extendidos y
presupuestos inflados que suelen priorizar la venta de mercancía sobre la
solidez de un guion, algo que nos enamore (como le terminó pasando a la fórmula
de El Conjuro). Eso es precisamente Obsession (2026)
logro de la mano del joven cineasta Curry Barker.
Barker, quien venía de foguearse en el formato corto y el
contenido digital de bajo presupuesto desarrollando un agudo sentido del ritmo
y la tensión en espacios reducidos, logró levantar este proyecto con una cifra
modesta: $750,000 dólares. Lo que nadie anticipó fue su impacto.
Tras una distribución estratégica a cargo de sellos como Focus Features,
la película se convirtió en un fenómeno de taquilla global acumulando casi $500
millones de dólares (probablemente más a la fecha de publicado este post).
Una rentabilidad histórica que la coloca a la altura de hitos como The
Blair Witch Project o Paranormal Activity (estas
películas lo hicieron increible con un presupuesto tan pequeño), y que la
consolida como la nueva gran referente del horror corporal y psicológico, en
una línea muy similar al impacto cultural que logró La sustancia (2024),
aunque el caso de éxito en esta película fue más por redes sociales, como fue
el caso de igual forma de Smile (2022) y su BTL similar a The
Walking dead.
¿De qué trata Obsesión?
La premisa es sencilla y arranca desde una cotidianidad desarmante. Bear es un joven promedio, la encarnación misma del "simp" moderno, atrapado en una fijación no correspondida por Nikki, una chica de su entorno laboral. Básicamente nos venden una historia muy normalita desde un inicio, aunque el cliché se rompe cuando Bear tropieza con un obsequio para Nikki, el One-Wish Willow (el saúco de un solo deseo), un artefacto mágico que se le presenta sin misticismos, grandes ceremonias ni advertencias; simplemente como un producto de consumo rápido. Pides, pagas y recibes (inmediatez, como nos gusta en 2026).
Bear en determinado momento de frustración pide objeto que
Nikki se enamore perdidamente de él. Sin embargo, el saúco no le concede un
amor genuino, sino una obsesión posesiva, territorial y siniestra. Pues
una entidad que toma el control del cuerpo de Nikki opera como una versión
hipertrofiada y sin filtros de los impulsos más oscuros, convirtiendo la
fantasía de Bear en una sofocante pesadilla claustrofóbica. ¿les suene a lo que
les comenté al inicio sobre Los padrinos mágicos?
El gran acierto de Barker en esta película no es recurrir a
los clichés del género. No hay casas embrujadas ni saltos de susto baratos (jump
scares); el horror germina en las pláticas de departamento, las cervezas
entre compas de trabajo y las dinámicas de un grupo de amigos.
Narrativamente, la película maneja de forma brillante el
tropo de "cuidado con lo que deseas porque se te puede cumplir"
(insisto en Los padrinos mágicos jajaja), aderezado con un toque
de terror corporativo absurdo (la tienda que vende el sauco): la postventa de la magia es nula. No hay cláusulas de cancelación,
soporte técnico, ni extensiones para deshacer el hechizo. Te entregan el
producto y te dejan a tu suerte con las consecuencias.
Uno de los momentos cumbre de la película (y
que funciona como un engranaje impecable de tensión) es la secuencia del Jenga
de retos. Barker transforma un juego de mesa inocente en un campo de
minas psicológico. Cuando Tori, una amiga del grupo recibe el reto de
besar a Bear, la reacción de Nikki no es la de una novia celosa, es un
berrinche que va desde lo más infantil a lo más raro… es un momento muy incómodo
que congela la habitación, exponiendo la fragilidad del pacto social y marcando
el punto donde la máscara de la normalidad se rompe. Así mismo hay otra escena
mucho peor, la secuencia nocturna entre Bear y Tori en el auto representa el
punto de no retorno.
En un empalme narrativo brillante, la película revela que la
verdadera Nikki está atrapada en el fondo de su propia mente, amordazada,
consciente y sufriendo. Cuando le suplica a Bear que la mate para liberarla de
esa prisión mental, la respuesta de él expone la miseria de su egoísmo: “¿Qué
hay de malo en mí para que prefieras morir antes que amarme?”. No hay
compasión, solo orgullo herido.
Obsession es una obra que cumple. Con recursos
mínimos, un diseño de sonido claustrofóbico y actuaciones comprometidas, Curry
Barker demuestra que un buen guion y una dirección clara valen más que $100
millones de dólares en efectos digitales. Una historia cerrada, sin
pretensiones de secuela forzada, que retrata con precisión lo peligroso que es
confundir la obsesión con el amor. Además, quiero dejar en claro, que este
dinamismo actoral de Inde Navarrette, es lo que llevo a esta película a
volverse de lo mejor del 2026.
Puntuación de la película: 9 / 10





