“El
agua de la lluvia se filtró por las ventanas, motivo por el cual al correr
Francisco patino por el piso hasta estrellarse en la ventana, misma que se
rompió, provocando su salida aparatosa de la casa. En el césped Francisco logro
ver la figura sombría de un ángel.”
“Creemos en los ángeles como
seres bondadosos y esplendorosos.”
La mañana pintaba buena, el
sol brillaba majestuosamente, las aves cantaban, hacia un hermoso clima, aunque
algo fresco. Francisco se encontraba vacacionando en un pueblito llamado Lea
Ville. él quería pasar un tiempo alejado del estrés de la ciudad, pues este ya
le había ocasionado algunos problemas tales fueron ansiedad y fatiga, además de
que en el trabajo ya no rendía como antes, según el jefe de la editorial a la
cual pertenecía francisco.
Para comodidad de francisco su
equipaje era algo liviano, pues se componía de ocho camisas, tres pantalones,
dos shorts, un par de tenis y uno de zapatos, además de su laptop y artículos
de higiene personal. A pesar de llevar consigo una laptop y por obvias razones
su móvil, Francisco, se prometió a si mismo no responder ni realizar ninguna
actividad que estuviese relacionada con el trabajo.
La tarde se estaba yendo ya
con mucha rapidez, como si se tratase de la corriente de un río, así que
Francisco aprovecho los últimos rayos de luz para salir a comer a una pequeña
cocina en el corazón del pueblo, pidió algo ligero y degusto de vinos que le
ofreció Don Pedro, dueño de la cocina.
—Con su permiso joven, ¿puedo
tomar asiento con usted? —dijo un hombre de altura promedio, de tez morena y
que vestía muy elegante, a lo cual Francisco aprobó con un gesto amable— Hace
tiempo que no veo a un foráneo por aquí.
—Quizá se deba por la lejanía
del pueblo, últimamente la gente de la ciudad opta por la comodidad de quedarse
en sus casas y no hacer más que encerrarse en su mundo virtual. —dijo Francisco
al hombre— ¿No lo cree?
—Tiene razón en eso, como
quiera uno puede andar aquí o por allá, pero la tecnología nos ha atrapado, a
tal grado de inconscientemente perder el miedo o la noción del tiempo.
—Bien, yo estoy de vacaciones
por aquí, pero usted ¿de donde viene? —le cuestiona Francisco al hombre.
—Si te lo dijera jamás me lo
creerías jovencito, pero solo podría decirte que yo vengo de donde los rayos
del sol no han tocado el suelo, además solo he venido para a darte una
advertencia, más bien un mensaje.
—¿Advertencia a dicho? —dijo
desconcertado Francisco.
—Mira Francisco, al caer la
media noche, el cielo tendrá una fisura, un ángel bajará y vendrá en busca de
ti y otros más de este pueblo, nativos o visitantes, él solo sigue órdenes.
—Ok señor, creo que me esta
asustando un poco, además podría decirme cómo es que sabe mi nombre. —dijo
Francisco algo temeroso, mientras aquel hombre callado le miraba de reojo— Es
que ¿no piensa decirme algo más?
—Francisco, los demás ya han
sido advertidos. —con una sonrisa discreta pero muy segura dijo— Francisco, algunos
me han llamado el portador de luz, al menos en los años antiguos.
—¿Qué? —dijo Francisco y en un
momento cayo en un sueño profundo.
Joven, creo que ya debería
retirarse a su casa, la comida le ha caído como para dormir, de un momento a
otro se ha quedado dormido, aunque de forma misteriosa usted hablaba solo, le
dijo Don Pedro a Francisco, mientras este recogía de la mesa sus pocas
pertenencias.
En su regreso al pequeño
apartamento rentado Francisco podía sentir una presencia, misma de la que se
olvidaría o dejaría de prestar su atención, pues del cielo comenzaban a caer ya
unas cuantas gotas de agua, y para desgracia suya en cuestión de minutos esas
inofensivas gotas se volverían una fuerte lluvia.
Tres cuadras faltaban para
llegar al apartamento, cuando la presencia que anteriormente Francisco sintió
se hizo presente, aunque borrosa, parecía un ser demoniaco, oscuro,
irreconocible, pero que intimidaba. Francisco asustado hizo más que pegar
carrera, pero ese misterioso ser le perseguía a un ritmo de miedo. Francisco
abrió la puerta como pudo y subió a la habitación, se encerró y se fue a un
rincón, quizá Francisco creyó que de esa forma no lo encontraría el misterioso
ser, pero fue inútil, esa cosa esta frente a él en un parpadeo.
Francisco corrió hacia la
ventana, pero debido a el agua de la lluvia que se había filtrado a través de esta,
él patino por el piso hasta estrellarse en la ventana, misma que se rompió,
provocando su salida aparatosa de la casa.
En el césped yacía Francisco,
adolorido y con el hombro luxado boca arriba, un relámpago ilumino el cielo
oscuro, con lo cual Francisco logro ver la figura de aquél ser, era sumamente
bella, sus ojos guardaban un azul profundo como el mismo mar, de gran altura y
cabellos de oro.
—No deberías temer de mi
presencia, porque mi presencia es la del ser supremo. No deberías temer de mí,
si no de lo que está por despertar.
