MONARCA
Los fríos vientos de octubre llegaron a la cabaña del bosque, donde Carolina y Mercedes decidieron pasar unas semanas. A su llegada a la cabaña Mercedes encontró algunas orugas, mismas que le parecieron algo desagradables, motivo que le llevo a pisarlas, para fortuna de la futura dinastía de las orugas, una había sobrevivido, para desdicha de Mercedes, el piso ahora tenía manchas verdes que a habían penetrado el piso de madera.
Los días y las noches pasaron
sin ninguna irregularidad, esto fue hasta la octava noche, cuando Carolina se
encontraba sentada en las escaleras de la entrada de la cabaña bebiendo un poco
de café, puesto a que comenzó a escuchar un par de ruidos bastante extraños a
lo lejos, como si un animal grande se acercara, por lo cual decidió regresar al
interior de la cabaña.
En el doceavo día, cuando el
sol ya se había ocultado debido a las densas nubes que causaron una ligera
llovizna, Mercedes había visto a lo lejos a un hombre misterioso, el cual en
cuestión de segundos desapareció al percatarse de que había sido descubierto,
lo cual fue tema de que hablar con Mercedes, debido a que no había otras
cabañas en la zona, por lo menos a kilómetro y medio, esa noche no pudieron
estar muy tranquilas, por lo cual decidieron pasar la noche compartiendo la
misma cama y una navaja, por si el hombre regresaba.
La madrugada del décimo tercer
día transcurrió tranquila, esto hasta que un ruido estremecedor despertó a
ambas mujeres, el cristal de las ventanas yacía roto en el piso, el hombre del
día pasado se encontraba adentro de la cabaña. los gritos de aquella noche
fueron muchos, dentro de la cabaña los pocos muebles quedaron fuera de sitio.
Al amanecer, con los primeros
rayos de sol arriba del cadáver extraño, yacía una crisálida empapada de
sangre, de la cual emergió una mariposa y lejos muy lejos dos mujeres buscando
ayuda.
